El problema del inconsciente es que es un lugar al que va todo lo que queremos olvidar. Cuanta más fuerza hacemos por reprimir, más inquieto se vuelve el inconsciente.
Es curioso, si queremos llegar a esa zona profunda la puerta se cierra, pero si queremos darle la espalda ella viene a buscarnos.
¿Cómo se abre la ostra para llegar a la perla? ¿A la fuerza?
Tal vez es más como un alcaucil o una cebolla, con paciencia, quitando suavemente capa por capa.
El inconsciente nos protege. Se ocupa de todo aquello que nos resulte intolerable, de todo lo que nuestra consciencia no quiere enfrentar.
El inconsciente te trae un mensaje: existo, y soy tu verdadera identidad.
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Demasiadas veces tenemos miedo. Miedo de lo que podríamos no ser capaces de hacer. Miedo de lo que podrían pensar si lo intentamos. Dejamos qu nuestros temores se apoderen de nuestras esperanzas. Decimos que no cuando queremos decir sí. Nos callamos cuando queremos gritar y gritamos con todo cuando deberíamos cerrar la boca. ¿Por qué? Después de todo sólo vivimos una vez. No hay tiempo de tener miedo. Entonces BASTA. Hacé algo que nunca hiciste, atrevete. Olvidate de que te están mirando. Intentá la jugada imposible. Corré el riesgo. No te preocupes por ser aceptado. No te conformes con ser uno más. Nada te ata, nadie te obliga. Se vos mismo. No tenés nada que perder y tenes todo, todo, por ganar.

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